sábado

Ultimos papeles.

SIN MÀS NADA QUE DECIR SE DESPIDE ESTE SER HUMANO.....

Nunca has dejado de andar.
A un ritmo de semen cárdiaco.
Con el trote lento del atardecer.
En los mediodías hinchados.
Fumabas detrás de un cañaveral.
Mirabas el cielo, las nubes dibujandose.
Algo parecido a la vida
te invitaba a salir de tu cuarto.

Nick:

En mi cuarto hay un hombre
vestido de negro.
Una botella de licor
y un cerebro que explota
de tanta vena rugosa.
En mi cuarto,
el hombre se saca el sobretodo
y queda desnudo.
Hay una vela que él toma
para ubicarla debajo
de sus labios de marfil.
Dos lagrimas bajan congeladas
desde sus mejillas.
Son mías, esas gotas
me pertenecen por un segundo.

11/00

Salir amirar como ha quedado todo:

L:

Un lugar down...hermoso.
Unas tijeras filosas.
Un dictador.
Un laberinto de ideas.

Efectos comunes en masas humanas.
Especies ensayando una danza de t.v.
Salvajes glotonas con guantes de goma
calzandose trajes de acero y vinagre
pasan sus horas queriendo escapar.

Salir a mirar como ha quedado todo.


Devolución de grito:

Lo que me sube y baja
es una lava autoctona.
Una canciòn incurable
Hecha con el sonido
de las uñas contra el vidrio.

A lo largo del mundo,
un colchon de frutas podridas
ataja a los suicidas
que a puntan a mipecho.

Yo te miro con los ojos
que hay detrás de mis ojos
detrás de mis ojos
detrás...detrás....

“¡Quiero saber los telefonos
de cada uno de los que gritan mi nombre!”.

---------------------------------------

Dibujaré en tu cuellos serpientes.
Cascabeles de saliva en tus labios.
Viajan en mechones
de tormentas tropicales.
Son cuerpos, vasos rotos,
palmeras, flujo, rocío,
animales salvajes.

Brotan de la tierra: humedades de gotas precoces.

Escribo debajo de un kinotero
hasta que la tormenta explote.

--------------------------------------

En su cabeza,
los ciclistas batían records de velocidad,
jinetes mancos perdían la vida.
En su cabeza habìa un espejo,
El adentro fumandose un Chester.
Todos los jardines habían sido desvastados
por el calor de las noches.

--------------------------------------

La almohada le revinta el craneo.
La vida los despelleja lento.
Los niños lo cubren de parvas.
Su novia le convida fetos.
Horacio le regala maizales.
Los perros le corroen el odio.
Los hombres lo dejaron libre.

---------------------------------------

El hombre bala y las motos
en el circulo de hierro.

Un disparo hacia el infinito
en el alma de Nacho.

12/01

Tiemblo con el frio de un pez terrestre.

26/06/02.


En la humanidad hay puertos.
Barcos abandonados
y ríos muertos mutando.
Jirones de carne
en sus bocas con muecas.
En la tierra hay bestias.
Hermosos niños ríen
al despegar de la tibia matriz.
Se dejarán arratrar donde todos.
¿Adonde?.

02/02


Sin titulo.

Pajaros transparentes comen de tu quinta.
Luces de un geriatrico y miedo.
Labios chupando bombillas en soledad.
Madrugadas destructivas.

Quieres cargarte a la ciudad herida.
Quieres salvarlos a todos.

De las veredad brota el fluido
Que aspiras para creerte un falo.

Ciudades, hay demasiadas ciudades.

5/02/02

Turista:

Casas de campo entrometiendose
profundo por caminos desiertos.

Siempre lejos.
Hombres cortantes y valerosos llevandose
un sueño cerca del horizonte fortaleza.

Molinos, garzas,
escuelas vacías al costado de la ruta.

Las nubes sofocadas,
deformes de temperatura.
El trigo filoso descansando.
Los potrillos que hacen
malabares con los insectos.

Se acerca una silueta,
cada vez más hasta
donde el chofer sonríe
y detiene el colectivo
a centimetros de sus pies.

8/12/00


Acuerdate de mí:

Dejarás la ciudad un domingo.
Y la lluvia te devolverá aquella mirada.
No volverás nunca.
Un camión te llevará hasta el cruce,
otro más allá hasta perderte.
La mañana te encontrará solo,
afiebrado de libertad... y liviano.
Los campos llamarán al vacío.
Pocos saludos a tu rostro nuevo.
Acuerdate de mí, de los lugares
donde la gente inventa los días.
Estarás lejos y perdido.
Una vez más tu mirada en el piso.
No soy yo este que siempre esta trizte.
Si, ese eres tu y pronto
vas a dejarlo todo para siempre.
Ya nada es tuyo aquí,
lo que queda está gastado y
otros están esperando tu lugar.

11/01


Angeles:

¿Qué hacen los angeles cuando llueve?.
Algunos se guardan en sus cuartos.
Escuchan una y otra vez ese disco.
Una sola canción que resume todas las canciones
hermosas, triztes y suaves del mundo.
Están los que viajan en subtes a sus trabajos.
Los que compran golosinas baratas y
los coquetos, tiñiendose el pelo
según el color de la estación.
El angel que a mí me toca ahora
fuma y mira desde el ventanal.
Una lluvia imperceptible lava
el paisaje de este lunes tan lunes.
Está mirando todas esas ventanas.
La melancolía es dulce y sus ojos de agua.
Su único deseo es que todo aquello
que allí vive le entre en un abrazo.
Abre la ventana de pronto, se desnuda y
sus alas se abren gigantes para arrancar.



Sin titulo.

Había alguien ahí adentro
Alguien que hacía siglos quería gritar.
¿Dónde queda la profundidad?.
Quiero verte cerca, pegado a mi cuerpo.
Quiero que sientas mi transpiración
y mis lagrimas congeladas.

Letargo. Musgo. Telarañas.
Es un juego de liquidos
recorriendo a ese que quiero ser.
Dejalo entrar y salir de tu cuerpo
todo el tiempo y toda la vida.

Es como si alguien hubiera
dormido mucho tiempo.
Ese que se levanta de madrugada
y ve la ciudad por laventana.
Toma un botellón de agua y
siente las gotas como perlas.
Cada cosa es una sensación.

-----------------------------------------

El grito de mi mamá pariendo.
El grito para avisarles a todos
que mi abuelo había muerto.
Estaba trozando un cordero.
El grito seco de los que andan
por tuberías ultraoscuras.
El grito de una mujer pelada
en la mañana del microcentro.

-----------------------------------------

El miedo y la palabra miedo son una sola cosa ahora.

Peliculas con mucha sangre y colorante.
Yo esperaba a que vengas a taparme,
a que me digas que en la ventana
no había nadie.

Me escondí adentro tuyo.
Me guardaste en un lugar suave
donde nadie podía hacerme mal.

“Nadie te quiere cuando estás mal”.

Algo está pasando y está pasando adentro mío.
Algo se está quemando mientras
Nacen niños gordos y llenos de sonrisas.

Me cuesta mucho mirar a los ojos mucho tiempo.
Me pasan cosas extrañas, veo demasiado a veces.
Tus ojos eran tuyos, no había nadie detrás.

08/2002

Sin titulo.

Te devuelvo estás cosas
que un día me regalaste.
Igual, siguen siendo mías.

Un aroma dulce
y una selva poblada de moluscos.
Lenguas.
Labios siempre humedos.
Lagrimas saladas entre
palabras inutiles.
Una noche bailando hasta sentirnos.
Balsamos que vienen
desde tu cuerpo tallado.
El sueño constante de
vivir siempre juntos.
Yo me tomé tu curva más peligrosa
una siesta de verano.
Canciones de amor.
Besos desde la cola hasta el cuello.
Inviernos donde fundamos
una fortaleza de cuero .
¡Te quieros...!.
Cansancios hermosos.
-Yo puedo mirarte horas
cuando estás dormida boca abajo.
Ir traicionero y abrirte-.
Perlas en tus peztañas.
Caballos salvajes del desierto.
Mucha alegría contenida, demasiada.
El tiempo extraño de esta distancia.

26/06/02

Dos cuentos.

El embrión mellizo:

Una tarde de invierno Andrés sintió algo extraño, una sensación que iva desde la zona
lumbar hasta la columna. Se dejó llevar por aquella agradable molestia. Andrés era
solitario, siempre había sido amanerado y ultimamente, en plena pubertad era asaltado
por sensaciones extrañas a las que no temía. Estaba desarrollandose y su cuerpo le
estaba mostrando algo desconocido y fascinante.
La sensación esta fue presentandose más frecuente hasta el día que Cristina, su madre,
escuchó un grito feroz en medio de la noche. Corriendo fue hasta el cuarto de Andrés y
vió a su hijo boca abajo contorsionandose de una manera inhumana, cuando se acercó
notó que un bulto se movía arriba del calzoncillo, mientras su hijo jadeaba como nunca
ella lo había escuchado. Aquella noche Andrés se fue calmando de a poco hasta quedar
exsausto. Cristina intuìa muchos secretos sobre la sexualidad de Andrés, pero aquello
superaba todo.
Despues de varias charlas la madre convenció al chico de ir a su medico particular.
Tuvo que hacerse algunos analisis hasta que el medico descubrió o creyó descubrir el
problema.
Aquello que aparentemente sucedía en el cuerpo del chico era producto de una infección
provocada por los restos de un embrión muerto. “Muchas veces es común que se gesten
dos ovulos de un mismo esperma, hay un ovulo que será fecundado mientras el otro
solo desarrolla una deformidad que muere y es despedida con la placenta. Si esto no
sucediera los restos quedan en algún lugar cercano a los genitales hasta que el cuerpo
comienza a desarrollar su sexualidad pudiendo causar algún tastorno, en los casos más
frecuentes un quiste o infección que deben ser extirpados, cuanto antes mejor ”, le
recomendó el medico a Cristina.
Al enterarse de que debía ser intervenido Andrés se sintió molesto, dijo a su madre que
nadie tenía por que tocarlo, no soportaría que alguien lo vea desnudo.
En los días proximos a la operación Andrés se mostraba sobresaltado y nervioso. Una
noche como antes, su madre fue hasta el cuarto y encontró a Andrés vomitando sobre su
pecho empapado en sudor, al encender la luz distinguió en el liquido rojo unos pelos
similares a los que se encuentran en los cabellos de las personas motas.
Como el miedo del chico ya era preocupante lo internaron de inmediato para operarlo
antes de lo pactado. Andrés estaba sedado a causa de los calmantes y la operación
comenzó de lo más bien. Fue en el momento que el cirujano alargó el bisturí cuando
aquella especie de bola de grasa comenzó a moverse contorsionando el cuerpo Andrés.
Las convulsiones comenzaron por la espalda, donde estaba el quiste y se fueron
alargando hasta el cuello, todo se había descontrolado en el quirofano y las enfermeras
comenzaron a gritar. Así y todo el cirugano logró sostener el cuerpo del paciente con
todas sus fuerzas y le hizo un tajo con el bisturí por donde la protuberancia aquella se
movía. A pesar de la certeza con que el otro medico había diagnosticado no podía ser
que unos simples restos de embrión produjeran semejante tormenta por más infección
que tuviera.
Ante los ojos de dos enfermeras, un anestesista y el cirujano estaba el cuerpo de Andrés,
el embrión estaba allí moviendose entre las sabanas, como buscando el agujero de
donde había salido. Las convulsiones volvieron a arremeter y del orificio la sangre
brotaba como petroleo, el anestesista volvió a clavar su aguja y el silencio de los
pasillos se llenó de carcajadas y gritos de espanto provenientes del pabellón de los
pacientes aislados, luego un cortocircuito en las luces del quirofano y el hospital entero
quedó en la oscuridad. El médico corrió por los pasillos gritando para que enciendan el
generador mientras el pánico se apoderaba de todo el lugar.
La luz volvió a cabo de unas horas, en la camilla yacía el cuerpo de Andrés que había
tomado una palidez de muerte, su rostro eran solo lagrimas de miedo y se notaba una
evidente perdida de peso, al lado las enfermeras llevaban sus ropas bañadas en sangre y
miraban la herida abierta que supuraba una sustancia espesa llena de pelos negros. El
medico que lo había atendido desde la primer visita llegó con el cirujano, se cruzaban
miradas extrañas, sabían que lo que habían de extirparle a Andrés no aparecía y el
misterio por lo desconocido cobraba forma de terror en sus rostros.
Los días pasaban y Andrés seguía en aquel estado de muerte sin hablar, solo lloraba y
movía apenas sus dedos huesudos como pidiendo por algo que nadie entendía.
Una noche el director mandó a un enfermero a hacer una recorrida de guardia que
ultimamente se estaban haciendo más seguido. El hombre anduvo por los cuartos y
todo parecía tranquilo. Estaba en la cocina preparandose un café mientras llenaba una
planilla cuando le pareció oir algo extraño, como si algo se moviera en algún lugar de
la cocina, abrió todas las puertas de los armarios y alacenas hasta que llegó al horno.
Los ojos se le iluminaron de horror cuando vió aquella cosa deforme a traves del vidrio
intentando salir, fue caminando hacia atrás con cautela y en el momento que se abrió la
puerta el hombre se desmayó. La bestia se movía como una sanguijuela electrificada,
era como una lengua gigante cubierta de pelos negros y trozos de uñas agrupados como
escamas, en cada extremo tenía dos bocas que se abrían y cerraban despidiendo un
liquido espeso de un olor insoportable.
Cuando el enfermero se estaba incorporando tenía al mounstro aquel ya muy cerca de
sus pies y al distinguir los movimientos del hombre la bestia atacó con rapidez. Una de
sus bocas se abrió y al igual que las serpientes que se tragan enteras a sus victimas poco
a poco lo fue triturando para despedirlo por la otra cavidad. Ahora el cuerpo tenía otra
consistencia, más fofa, por los huessos hechos polvo. La bestia siguió su camino hasta
desembocar en uno de los pasillos frios del edificio, las uñas se le erizaron y comenzó a
tepar hasta llegar al sistema de calefacción central.
Había pasado una semana y el clima del hospital no se parecía otra cosa que al despertar
de una pesadilla, Andrés seguía allí, desnutrido, desanimado y triste con la aguja de
suero clavada las veinticuatro horas. En esos momentos tuvieron que llamar a un
equipo de reparación por que la calefacción no andaba y era imposible internar gente
debido al clima helado del invierno. El director leyó el informe donde los hombres le
explicaban que el sistema estaba tapado por varias razones, solo tenían que revisarlo y
limpiar. Fueron cuarto por cuarto revisando todo sin notar la más mínima obstrucción
hasta que llegaron al cuarto de Andrés. El hombre ubicó la escalera debajo de la rejilla
e intentó abrirla pero estaba trabada, los dos empleados se miraron sonriendo como si
hubieran descubierto el problema. Entonces con unas masas y otras herramientas
lograron abrirla. Al asomar la cabeza por el hueco y alumbrar pasó algo allí que ni
Andrés ni el otro empleado llegaron a entender. El cuerpo del hombre comenzó a
temblar y los gritos se apagaron de golpe al tiempo que era succionado hacia adentro del
tubo. El empleado salió disparado gritando y Andrés alcanzó a ver una de las bocas de
la bestia que se asomaba por el hueco, intentó ponerse de pié, era imposible. Medicos y
enfermeros llegaron corriendo hasta el cuarto del chico pero la puerta estaba bloqueada,
consiguieron derribarla. Lo único que encontraron fueron manchas de un un liquido
espeso, mezclado con pelos negros,que subía por la pared y se perdía en la rejilla del
sistema de calefacción.

----------------------------------------------------------------------------


Mabel:

l: Madrugada

Ya no está la tormenta que acechó durante una hora a este pueblo del noroeste. Queda
el calor, los cuerpos pegoteados y las sabanas revueltas. Quedan las descargas como
lijas, en la radio de la mesa de luz de Mabel.
Los privilegiados duermen su premio y el insomio mezclado con la temperatura hace
desastres en la madrugada de febrero. Mabel tiene el suyo, anda en algún paisaje
lejano, soñando profundamente. Los dedos de los pies son delatores, se mueven
suavemente, como en una cosquilla. El cuerpo de la mujer está boca abajo y balancea
sus caderas rellenas mientras balbucea algo parecido, a veces a un gemido, y otras a un
hilo de baba en el pliegue de los labios.
Mabel abarca con su cuerpo la cama de dos plazas, lleva el camisón beige justo abajo de
la entrepierna y las manos le están transpirando mucho. El compás suave que reina en
su descanso comienza a ceder para ponerse más aspero. Ahora su rostro choca contra la
almohada y se queda allí ahogando los sonidos extraños que se escapan de su interior.
La señora está intentando librarse de algo, pronto sacude un manotazo al aire, luego otro
más, va de un lugar al otro de la cama, deja su boca al descubierto de las sabanas y el
cuarto se llena de gritos olvidados en el cuepo de esta mujer de cincuenta años. Mabel
mueve sus piernas, hace fuerza, los talones dan de lleno contra la parte de adelante de la
cama, está transpirando demasiado y se nota el dolor en su voz. Llora, se lleva las
manos a los ojos para abrirse los parpados y un razguñon le lastima la sien. Mabel
despierta, se incorpora sobre la cama y se mira, está asustada, intenta reconocerse y
comienza por recordar algo de la pesadilla de la que acaba de salir. Piensa, está
embotada, tiene el cuerpo raro, en algunas zonas casi empapado. Los pensamientos es
como si no tuviera un lugar donde aterrizar, van vienen y el sueño está diluyendose.
Mabel se acomoda el camisón, la bombacha empapada la tira a un costado, apaga la
radio y se calza las pantuflas. Necesita lavarse la cara, cree que el agua fria y el espejo
van a devolverle algo del lugar donde anduvo hace unos minutos.

ll: “Max”

En el sueño estaba Mabel Dellaveccia y el perro del Dr. Galeano, un gran danés color
gris del tamaño de un ternero. Su nombre era “Max”.
La señora y el animal levitaban en un lugar bastante común a todos los sueños, el
espacio. Oscuro, iluminado a veces por flashes y habitado por humanos que duermen
suspendidos en sus sueños inciertos.
Mabel estaba flotando en posición horizontal. Más allá, el gran danés la obserbava con
la cara más estupida que pueda imaginarse de un perro. Apoyado en sus patas traseras,
la expresión boba se acentuaba gracias a su lengua que colgaba aspera y reseca.
La mujer estaba inmovilizada y el rostro hacía pensar que estaba esperando lo peor de
“Max”, este seguía postrado y la tensión de Mabel aumentaba. En su cuerpo desnudo y
blanco la transpiración brillaba el doble, los cabellos mezclados con spray hacían de su
cabeza un manojo humedo de hilos. Mabel Dellaveccia brillaba y hacía terribles
esfuerzos para mandarle información a sus miembros muertos.
“Max” se fue acercando a la mujer de a poco, con pereza y se quedó justo donde el
hocico tocaba los dedos de los pies callosos. Olfateó, despues vino un bostezo y el perro
comenzó a rodear el cuerpo deteniendose en las axilas, en el cuello, en el pubis, los
pómulos, hasta que llegó a la cabeza, allí sacó su lengua y lamió los cabellos pegajosos
como si fueran jugo de carne cruda. Mabel, en aquellos momentos gritaba con la
garganta de un hombre que se está quemando vivo pero nada se oía. En el espacio era
todo silencio y luces que pasaban fugazes para que Mabel pudiera distinguir donde
estaba “Max”.
El perro, cuando se cansó del pelo fue hasta las axilas, con el hocico hizo fuerza para
abrirle los brazos y el bello semicrecido se dejó ver junto al sudor que bajaba en gotas
espesas. “Max” parecía saciar su lengua aspera y siguió haciendo lo mismo en otras
partes del cuerpo. Le secó la espalda de un lenguetazo, despues se fue hasta las piernas
y arremetió con el hocico para llegar hasta la vagina y el ano, después la boca, la nuca,
las palmas de las manos y así. Por un momento “Max” se detuvo, Mabel lloraba, las
lagrimas igual no brotaban. La mujer comenzó a sentir unas cosquillas en los dedos, el
animal estaba encarnizado pasandole su lengua ya morada por la planta de los pies.
Sintió otra cosquilla al descubrir las babas del perro justo al costado de su cara.
Mabel vió alejarse a “Max” de golpe, se iba trotando ligero, como si alguien lo hubiera
llamado desde algún lugar. Se perdió en la oscuridad y Mabel comenzó por recobrar el
movimiento de las manos y los pies lentamente. Quedó levitando de forma vertical,
sentiá el cuerpo agotado y el frio entró en su cuerpo como un veneno que mata en pocos
segundos. Seguía desnuda, ahora su piel estaba reseca y el aire frio la hacía temblar, el
cuerpo no soportaba tanto cambio y unas convulsiones la hicieron vomitar un liquido
negro. Comenzó a darse cuenta que estaba cayendo al vacío por que el aire helado le
venía de abajo. Ni siquiera intentó gritar, ni tomarse de algo, ni mirar, esperó o se dejó
caer para chocar contra algo y despertar o simplemente morir de alguna forma posible
en aquella nada.

lll: Mediodía

El ruido de los tacos bajos de Mabel Dellaveccia eran martillos contra las baldosas de la
vereda del centro. Para aquella mañana caliente de febrero la señora había optado por
una pollera de tafeta arriba de las rodillas y una remera de hilo haciendo juego con un
saquito color crudo. No llevaba medias y se la veía radiante. Iba un poco apurada, ya
había comprado fiambre, un detergente y papel higienico, solo quedaba pasar por la
agencia de quiniela “El 32” para jugarse un númerito, un pequeño lujo que se daba tres
veces a la semana.
Había tomado esa costumbre despues del año que pasó durmiendo tres horas por noche
a raiz de la muerte de su marido, el querido Manuel Tanoni.
En esas noches de insomio Mabel dejaba la radio encendida y un día decidió jugar un
nùmero a la quiniela para tener algo en que ocupar la mente por la madrugada. Lo
logró, dormía algunas horas más pero jugaba demasiado. Como nunca en sus cincuenta
y tres años, un día se vió afectada economicamente por causa de las loterías, quinielas,
bingos y demás. El juego cobraba forma de vicio así que Mabel decidió solo jugar
cuando lograba acordarse completamente de un sueño. Al ver que uno no sueña cuando
se lo propone puso como tope jugar tres veces por semana. Los sueños y los números le
devolvieron el descanso a Mabel. Era un placer dormir y esperar que los digitos
vinieran. Así todo tenía otro color. Siempre iba a ser mejor apostar números soñados.
Aquella mañana se notaba en el ritmo de la calle principal que el mediodía se acercaba.
La gente entraba y salía del club, los mayordomos cargaban sus camionetas de
provisiones para llegar temprano al campo y enfrente del palacio municipal una pala
mecanica atraía la atención de los chicos recien salidos del colegio.
Cuando Mabel estaba llegando a la agencia -solo le quedaba cruzar a la vereda de
enfrente- sintió unos bocinasos que venían acompañados de ladridos. Mabel pudo ver a
su amigo, el Dr. Galeano que la saludaba y por un poco más no sacaba todo el torso por
la ventanilla. Atrás, en la caja de la F 100 “Max” ladraba a unos chicos que le hacían
burla desde las bicicletas. Mabel saludó con la mano y se quedó mirando la camioneta.
Pensó que si aquel inmenso perro saltaba se podría comer vivo a uno de esos pequeños.
El dueño de la agencia “El 32” estaba lustrando su Ford Sierra color crema al costado de
la calle como todas las mañanas, su nombre era Heber Sosa y había hecho una pequeña
fortuna con los locales de juego. Era un hombre soltero de cuarenta años pero
aparentaba mucho menos. Siempre llevaba la piel tostada y ocupaba su tiempo entre el
gimnasio y las carreras zonales de Fiat 600. Para Mabel era una persona de esas que no
caen muy bien, era bastante arrogante y se decían cosas un tanto espinosas sobre su
amistad con la policía. La mujer ni siquiera se percató de que Heber la estaba mirando.
“Mejor”, penso Heber, “mejor así la veo con los ojos que a mí me gusta verla. Esta
vieji se conserva muy bien, mejor que cualquier boluda de esas que estoy atendiendo
ahora. Tendría que hacerle unas pasaditas con el auto una tarde de estas a ver si la
puedo ver solita, como todos dicen que está desde que murió el viejo Tanoni”.
Romina era la empleada de la agencia “El 32”, cuando Mabel entró al local la chica
hojeaba una revista de la “Movida Tropical”, al ver que Romina no la escuchaba Mabel
dirigió su mirada hacia los rostros de los galanes bailanteros. Lo primero que notó fué
que uno de los integrantes de un grupo se parecía mucho más a una mujer que a un
verdadero galán. Después dió un golpecito con el taco y Romina, con el primer impulso
del susto, tiro la revista a un tacho lleno de papeles.
-Disculpeme Mabel, le juro que no la oí entrar, mil disculpas- dijo Romina nerviosa
mientras se daba cuenta que Mabel urgaba en el monedero. Lo tomó como una señal de
apuro y habló-. ¿Va a jugar nacional y provincia como siempre?.
-Bueno no era para que te pongás colorada, que yo también en mi juventud coleccioné
fotos de galanes, no eran del mismo tipo pero cada generación con sus gustos- relexionó
Mabel
-Ay, disculpe que me de tanta verguenza, yo soy así, todo me dá verguenza, que tonta
¿no?- decía Romina entre risitas y agachadas de cabeza.
Mabel vio el reloj, eran las doce menos veinte. Estaba tardisima así que apuró los
tramites enseguida.
-Me anotás con cinco pesitos, provincia y nacional para hoy a la tarde con el cincuenta y
seis- dijo Mabel y le tendió el billete arriba del mostrador.
_¡Pero mire que casualidad, yo tambíen le jugué hoy a la caída, eso sí un pesito nomás,
como todas las mañanas- aclaró Romina.
Mabel comenzó a sentir que una especie de calor le subía de abajo, la expresión de su
cara ya no era la anterior. Tomó el cartoncito troquelado con un gesto violento y se fue
dejando a Romina sin palabras, desconcertada.
“Yo no se por que el Sosa no le enseña a esa borrega a cerrar el hocico, como no se da
cuenta que está trabajando en un local de juego. No te digo que siempre alguien te
quema los pálpitos”, pensaba Mabel. Iba caminando ligerito, enojadisima. De atrás de
unos vidrios recien polarizados Heber Sosa le seguía el compás de su caminar
hipnotizado.
Mabel llegó a su casa enseguida y lo primero que notó al depositar la bolsa de red en la
mesada era que estaba agitada. A esa hora el sol había trepado bien alto y la
temperatura andaba por los veintinueve grados. Mabel decidió no cocinar para no
encender el horno y buscó en el armario de abajo de la mesada pan fresco. Prendió la
televisión con el canal clavado en el noticiero y se sentó en la silla de la otra punta de la
mesa. Estaba observando la pantalla con los ojos escandalizados. Las imagenes
provenían de algún lugar del gran Buenos Aires y se veía a un grupo de detenidos
encapuchados con sus propias camperas, los titulos y el periodista en off decían de una
red de trafico de niños. El telefono sonó dos veces y Mabel fue apurada a levantar el
tubo, era el Dr. Galeano que la invitaba a un festival de folklore que se haría el sabado
en la sociedad italiana.
-¡Que mala suerte Roberto, justo este sabado tengo campeonato de chin chón en la casa
de Inés- contestó Mabel con toda su piedad.
Por un lado le agradaba que el Dr. Galeano la llamara de vez en cuando aunque sea para
ver como andaba. Siempre habían tenido una relación muy cercana ya que el difunto
Tanoni era intimo de Galeano. Pero Mabel sabía bien que desde siempre, aunque ella se
empecinaba en negarlo el Dr. Galeano quería algo más que esa amistad de puro respeto.
Era logico, Galeano era un solterón con sus deseos al día y Mabel también se sentía de
alguna forma atractiva al tener de pretendiente a una persona tan querida por todo el
pueblo.
-Pero Mabel, una vez que no vaya a jugar no le va a ser nada, además ud. sabe que los
festivales que hacen los de la peña “El bagual” son muy nombrados todo el año-.
Roberto Galeano se tiró un único y certero lance.
-Ya sabe como son las chicas- decía Mabel refiriendose a las compañeras de los
sabados,-si no llego a ir van a andar poniendome cara mala, aparte de eso el domingo
voy a ayudar en un almuerzo de la iglesia para recaudar los fondos del viaje del padre
Wenceslao.
-¡El almuerzo del domingo!, sabe Mabel que me había olvidado por completo- dijo el
Dr. Galeano.
La charla quedó entonces que Mabel le reservaba una tarjeta para el almuerzo y los dos
colgaron sus telefonos al mismo tiempo con la misma sensación. Terminaría por verse
el fin de semana. La mujer sentía que el lugar era adecuado para no leventar ningún
tipo de comentario y Roberto se conformaba tan solo con saber que en breve la iba a
tener cerca.
El televisor seguía encendido en la cocina, Mabel tiró la cuarta parte del sandwuich por
que estaba satisfecha y fué a la heladera por más agua helada. El calor ejercía presión y
la sed constante parecía no acabar nunca.
Estuvo cambiando de canales y decidió tirarse en el cuarto con el ventilador a ver si
dormía unas horitas de siesta. Ya estaba acostada abanicandose con una revista cuando
el acelerador de un auto le llamó la atención. No por el ruido, o sí, pero ya era la tercera
vez que pasaba y a esa hora no andaba nadie en la calle. La primer intención que tuvo
fue ir hasta la persiana de la sala a espiar al conductor pero estaba tan fresco el cuarto
que allí se quedó. Pudo dormir apenas una hora pero le bastaba, ahora eran casi las
cuatro y la otra mitad de la tarde empezaba. Los ruidos de los chicos vecinos que
jugaban en la pileta, los autos que pasaban más seguido, el altoparlante de la plaza, la
luz un poco más tenúe del día.
Mabel ya estaba con la radio encendida esperando los resultados de la quiniela
vespertina cuando el acelerador volvió a llenar la cuadra. Mabel lo distinguió por que
no era muy común, hacía un estruendo de esos que hacen los motores preparadados,
mucho más agudo que un simple escape roto. Ahora si fue hasta la ventana de la sala,
abrió la persiana y nada. La luz fragmentó el piso encerado, la mujer miró hacia afuera
y le llamó la atención el color que había tomado las rosas del frente de la casa, estaban
revalsando de rojo. Fue chancleteando las alpargatas hasta el baño, se refrescó y
termino de vestirse. La voz del locutor llenaba la casa de números que repetía
constantemente como si los oyentes fueran idiotas a los que hay que repetirles muchas
veces las cosas para que capten algo.
Faltaban solo diez números para completar las dos quinielas vespertinas y el primero de
la nacional no salía, en la provincia había salido el setenta.
Aquellos momentos Mabel los vivía con las ansias de alguien que sabe que el resto del
día puede cambiar de acuerdo a como se decida la suerte. Algo tan ajeno e improbable
causa una sensación de ansiedad que vá de un extermo al otro en los estados de animo.
Mabel ahora estaba sentada en la cama tomando un té con limón y la radio a un
volumen más alto todavía. Entonces pasó lo siguiente, la chica que cantaba las
posiciones gritó “Número uuuuuno” y alargó la u como si se estuviera ahogando, el
locutor esperó a que la otra voz femenina tirara el digito y Mabel pensó que se hacia pis
de los nervios. Allí fue que el acelerador que había cortado con la siesta de casi todos
los lugares por donde había andado volvió otra vez, pero se detuvo en su casa o en la
casa de algún vecino haciendo el ruido necesario para que Mabel no haya escuchado el
resultado de la cabeza en la nacional. Mabel se levantó maldiciendo a todo y abrió de
un tirón la puerta, allí enfrente de su casa estaba el auto de competición con que Heber
corría cada quince días. Mabel ni sabía de quien era el coche pero eso no la detuvo para
lanzarle los insultos más horribles que pueden salir de una mujer ya mayor y educada.
Los chicos vecinos estaban rodeando el auto, iluminados con las propagandas, la toma
de aire que salía del motor hacia el techo, el ruido que hacía aquella maquina. Miraban
a Mabel con ojos de odio por los insultos que le mandaba al conductor. El auto arrancó
no sin antes volver a acelerar, cosa que los niños fetejaron como un gol y Mabel dió un
portazo.
Siguió escuchando una hora entera para ver si alguien se dignaba a explicarle que había
salido en la nacional, cambió de estación, pensó en preguntarle a la vecina de al lado
pero le dió verguenza por los chicos que la habían visto furiosa, no le quedó más que ir
otra vez a la agencia “El 32” a ver la lista de números publicada. Estaba de muy mal
humor, jamás, salvo exepciones iba más de una vez por día al centro pero sabía que por
el momento otra no tenía. Le faltaba media cuadra para llegar cuando comenzó a ver
los colores fluo del auto de carrera, no le quitó la vista hasta que llegó al lugar y lo miró
bien de cerca para comprobar de quien era. Lo supo enseguida por las publicidades de
la agencia que Heber Sosa le habia colocado, al costado de la puerta estaba el nombre
del corredor y su grupo sanguineo.
Sabía que si entraba al lugar encontraría al tipo y no tenía ganas de discutir con aquel
ser repugnante, dió media vuelta y se fue enceguecida. Heber Sosa sonreía del otro lado
de la vidriera, Mabel caminaba pensando una forma de saber el resultado y la lista de la
agencia “El 32” decía que el primero a la nacional había sido el cero seis.

martes

PAPELES DE AHORA

I:

Digo…hombre. O sed.
Pero no.
Siempre me falta una palabra.
Digo mundo, carne, viento.
Y digo todo.
Pero no me alcanza.
Digo lo que buscaron
los amantes de Dios.
Los cazadores, los espiritus.
Digo el silencio.
Un gesto vacìo.
Pero dejo de buscarte.
Es inútil.
Nunca te puedo decir.

II:

Ahora me sana las heridas.
Lame mis dedos.
Toma distancia.
Ahora baja.
Busca el final de la mèdula.
Estrae veneno.
Deja todo abierto.
Ahora no sè.
Me parece que finge.
Se me tira encima.
Liquidos poderosos.
Mantras, papeles.
Ahora sonrie.
Busca un encendedor.
Me dice…”si te pido algo
me prometes que si?.”
Si, pero antes
vamos a dar una vuelta.

10/07

lunes

OTROS PAPELES

¿Sabés que pasa?:

¿Sabés que pasa?.
No pasa nada.
Vos sabes, vas al mismo lugar.
Algo cambia cada noche
pero no pasa nada.
Hay tanzas por todos lados.
Invisibles hilos para
mover a los humanos.
Si no lo sientes, no importa.
Disfruta de la estadía.
Después algo te hará
mirar alrededor.
La t.v. sigue ahí, tus amigos también.
Todos miran hacia otro lado y
ahora sabés que aquí
no pasa absolutamente nada.

11/02

Relajación:

Pronto lo verás.
Será un apagón total
de tus velas decoradas.
Verás a tus padres
como maquinas despiadadas.
Podrás comprobar
la mentira de un
hombre que ha perdido todo.
Los relojes marcarán
una sola hora infinita.
Creerás que estás soñando.
Todos tus sentidos son jovenes, récuerdalo.
No lo puedes negar,
la oscuridad es el terror
de la gente que algo esconde.
Pronto el circulo
habrá hecho su tajo.
Es así: no estarás.
Nunca estuvistes,
no lo intentes, relajate.

23/07/00
Machina:

Del ventilador vuelan
pedazitos que casi ni se ven y,
sin embargo se plantan
en el centro de tu cabeza.

A la izquierda de tu zona central
existe una tubería donde cae
el polvo del encierro.
Va acumulandose..., para después.

Luego aparecen las horas.
Todo tu cerebro está exprimido.
Nadie se da cuenta pero
la maquina trabaja duro.

12/99

Sin titulo.

Hambre de gato famelico.
Rabia de serrucho nuevo.
De aguantar el grito.
Pereza de dìa lunes.
Cansancio de rìo jubilado.
Gordo de tristeza eterna.
Amigo de la vida roja.

06/04.